• IPC | Nada Fuera de lo Común

    Casa de Todos en La Palomera, Baruta - Caracas Venezuela

    2019

IPC | Nada Fuera de lo Común

12 de octubre 2019
Integración en Proceso Caracas / IPC

"Nada fuera de lo común" ocurrió el 12 de octubre de 2019 como parte del programa Integración en proceso Caracas IPC, en una estructura abandonada y ruinosa en La Palomera. IPC es un programa educativo y cultural, dirigido por un equipo multidisciplinario de periodistas, arquitectos, activistas, artistas, diseñadores y miembros de la comunidad, enfocado en disolver el estigma negativo asociado con los barrios, y reconocerlos como parte vital del tejido urbano. La comunidad de La Palomera invitó al equipo de IPC a acompañarlos en la recuperación y transformación de dicha estructura. El primer paso fue crear dos aberturas para acceder al interior, limpiarlo y prepararlo para una celebración. Dos semanas después, se abrieron las puertas al público para un evento con vídeos, espectáculos de danza contemporánea, música tradicional venezolana, baile y el famoso sancocho. Decenas de personas asistieron, jóvenes y abuelos, tanto de La Palomera, así como de otras comunidades de Caracas. Muchos residentes de La Palomera, se emocionaron al ver aquel lugar lleno de vida y deseó por más experiencias como esa.

El evento fue único en su naturaleza y, sin embargo, debería ser, como lo sugiere el título, "nada fuera de lo común" en una ciudad vivida, bien integrada e inclusiva. En el contexto de un país que ha sufrido graves dificultades económicas y sociales en los últimos años, estas expresiones se convierten en manifestaciones muy importantes. La "fiesta" se encuentra con poca o ninguna resistencia. Une a las personas y les permite pasar por alto, tal vez incluso superar diferencias políticas y sociales. Además, puede servir como un dispositivo eficaz para fomentar una noción más integrada de la ciudad, que incluye a los barrios. 

 

De la ciudad completa a la Casa de Todos
Una puerta que se abre al deseo de todos
Por: Cheo Carvajal

Hoy, 12 de octubre de 2019, se abre una puerta que permite entrar a un espacio que permaneció invisible detrás de un muro durante muchísimos años. No se trata de un espacio cualquiera, sino de uno simbólico: el que debió ser ampliación de la “Casa de Todos” y hasta el día de hoy no ha logrado ser. En algún momento dejó de ser promesa y se convirtió en olvido. Se clausuró, sin rubor ni vergüenza, a pesar de la necesidad

—cada día más urgente— de espacios comunes. Se convirtió en clara evidencia de nuestra dificultad para entendernos, para ponernos de acuerdo. Se llenó de basura, se convirtió en imposible.

Suele hacerse la analogía, al hablar de la ciudad como la “casa de todos”. Tanto se ha repetido, que se ha vaciado de sentido. Se ha convertido en “lugar común” que no apela, paradójicamente, a esa idea de lo que de común —y de derecho— tiene para todos la ciudad. Por lo general la analogía se utiliza con el fin de provocar en las personas una reflexión moral sobre su mal comportamiento, su descuido ante ese espacio común que nos alberga y aglutina, ese que ciertamente ha de ser responsabilidad de todos sin que a nadie pertenezca, o nadie reclame para sí exclusividad. Para decirlo con mayor claridad: que pertenezca a todos, sin exclusiones.

Nada más antipedagógico, entonces, que mantener cerradas las puertas en tiempos en que urge salir de los rincones para habitar todos la casa entera. Para exigir —y ser parte de— una ciudad completa.

Este octavo encuentro en La Palomera, parece marcar el “cierre” de un ciclo, pero en realidad abre otro más amplio. Con esta acción de “Nada fuera de lo común” convocamos a la comunidad y a la ciudad a este espacio en el que lo común, lo habitual, debería ser su uso permanente. Un uso diverso —como diversos son los intereses de los ciudadanos— que permita encontrarnos y descubrir esa diversidad. Esa es la intención de reponer unas puertas que nunca debieron desaparecer, pero que en algún triste momento fueron condenadas. Aprender a habitar “la casa de todos” teniendo el arte como vínculo, como vehículo para el aprendizaje. Reconocer tradiciones e identidades, pero también reinventarlas de cara al futuro.

Esta fue una casa habitada que tuvo calor de hogar. Algunos vecinos dan constancia de haber estado y compartido en ella. Hoy apostamos a que las bisagras de estas puertas permitirán restaurar el flujo entre lo que en algún momento fue considerado ámbito íntimo, de afectos y pertenencias, y el ámbito de lo común, de lo socialmente compartido. Por eso para abrir lo cerrado, habilitar lo inhabilitado, el primer gesto ha sido recuperar esta conexión. Abrir esta hendija y permitirnos desear esta casa como espacio común, sintiéndonos a la vez envueltos en la calidez de lo que consideramos íntimo. Espacio deseado, ya no como apetencia individual, sino como fervor colectivo.

Esta “Casa de Todos” habrá de ser mucho más que un simple enunciado, mucho más que una promesa que nos hacen desde algún poder, institucional o fáctico. Habrá de ser espacio ciudadano, estratégico. Una forma de salir de la inercia, desde la resistencia y la creación colectiva. Desde la celebración de sabernos parte de un proceso de construcción de una ciudad que ha de reconocerse en su diversidad, pero señalando y enfrentando cualquier forma de exclusión, abierta o encubierta, que opere en ella. Un espacio que desborda los límites impuestos al barrio, retando a la ciudad, desde la hospitalidad, a ser parte de él.

Hoy, 12 de octubre de 2019, día importante en esta agitación de imaginarios que somos, se derrumba un muro y se abre una puerta real y simbólica. Nos toca producir colectivamente, desde el respeto y el entendimiento, nuevas demoliciones y nuevas construcciones. Aquí, en la Casa de Todos, en La Palomera, pero pensando siempre en la ciudad completa.

 

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Cliente: Oficina Externa de los EE.UU para Venezuela | Equipo: Enlace Fundación y Ciudad Laboratorio | Fotografía: Régulo Gómez